EL CAPITAL EPISTEMICO DE LA AMISTAD Y LA CONVIVENCIA EN LA EDUCACION Y LA CIENCIA
Eduardo Fco. Freyre Roach, Dr. en Filosofía[1]
PALAVRAS-CHAVE: capital epistémico, amistad, convivencia, educación, ciencia
En principio, donde hay amistad hay convivencia armoniosa, y viceversa. No obstante, ciertas relaciones de amistad son la excepción, por ejemplo, la ‘amistad tóxica’ y el nepotismo.
Ahora bien, basta con hacer un clic en Google para confirmar que la amistad es un tema cotidiano común y corriente, se tratado en el arte, las religión, la filosofía y las ciencias. Hasta se habla, aunque coloquialmente, de ‘ciencias de la amistad’ o ‘amistología’.
La amistad no entraña obligación ni jurídica ni canónica, es más bien elección afectiva y personal. Pese a ello, abordo aquí la posibilidad y factibilidad de su instrumentación en los ámbitos de la educación y las ciencias, en virtud de considerar su condición de factor epistémico indispensable en el aprendizaje y la producción de conocimientos científicos.
Fundamento mi apuesta, apelando al el filosofar sobre la amistad y a las teorizaciones que marcan un «giro afectivo» y un «giro colaborativo» en los estudios epistemológicos sobre la educación y la ciencia.
He venido pensando al respecto justamente con amigos en la Universidad Agraria de la Habana (UNAH) en Cuba, en el Grupo Educogitans de la Universidad Regional de Blumenau (FURB) en Brasil (Freyre, 2022; Roach, et.al., 2022; Freyre, et.al., 2022a; Freyre, et.al., 2022b), y en Hong Kong.
Así también con mis alumnos del posgrado «La amistad y las ciencia» que impartí durante el curso 2022-2023 en la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC) y con los participantes en un taller celebrado en el año 2021 por The Centre for Peace and Conflict Studies, CPCS) de Hong Kong.
Varias son las referencias a las que acudo para lidiar con este asunto.
En primer lugar, me apoyo en el filosofar de Ludwig Wittgenstein para legitimar la diversidad de percepciones, así como definiciones conceptuales y operacionales de la amistad.
Segundo, las referencias filosóficas en este trabajo permiten entender que la amistad no es un ideal o valor marginal u autosuficiente.
Tercero, cito autores que el impacto de las redes de amistad en el bienestar y el aprendizaje escolar.
Cuarto, doy relevancia a los estudios sobre la amistad en la labor científica, con énfasis en los sugieren argumentos en favor de su condición de ‘capital epistémico’ y método en la educación y la investigación.
Revisión bibliográfica.
Las percepciones y prácticas sobre la amistad se diferencias y cambian. Basta notar que las personas unas más que otras que, por ejemplo, respetan la autonomía del amigo. Otras son proclives a expandir el círculo de amistad. No faltan quienes consideran que se debe estar siempre del lado del amigo, aunque su comportamiento sea repudiable.
En fin, que ‘menú de la amistad’ es variado. Se ha corroborado que las percepciones de la amistad se diferencian de una cultura o contexto a otro (Lu, et. al. 2021).
Ludwig Wittgenstein (2002) aporta un marco teórico crucial para lidiar con esta situación, al proponer el concepto de «juegos del lenguaje (language games): el lenguaje y las actividades, acciones, contexto o «formas de vida» (forms of Life) en que usa una palabra o planteamiento para propósitos y circunstancias.
De ahí que es insostenible suponer que a una palabra, gesto o signo se le asigne un único sentido; si acaso, entre esos juegos «hay una red de parecidos que se superponen y entrecruzan»..., que «surgen y desaparecen» Entonces, «¡No pienses, mira!» esa familiaridad (Ibidem, 2002, p.87).
Dedujese que entendemos y pensamos el significado de una palabra, no por explicación sino por entrenamiento, en ciertas actividades, contextos y circunstancias. Las palabras ‘amistad’, ‘amigo’, ‘amigable’ o ‘amistoso’ no son la excepción, incluso cuando se hace referencia a las relaciones entre los animales, y con los seres humanos; por no mencionar a la presunta «amistad robótica».
No obstante, es recurrente remarcar la dimensión afectiva, personal, o subjetivo. Se supone que los amigos sienten íntima, mutua y recíproca simpatía, conexión, aprecio, afinidad, lealtad, fidelidad, confianza, apoyo, respeto, compasión, amor, etc., y amigos comparten tiempo, espacios, actividades, decisiones, experiencias, gustos, ideas, creencias, y valores.
Reflexiones filosóficas sobre la amistad dan la medida de que la amistad no vale por si misma, ni tampoco como una virtud epistémicamente neutral.
Se dice que el sabio Quilón confesó haber dictado condena a un amigo, pero lo exonera de la pena, argumentando que cumplió con la ‘ley de la amistad’ y la ‘ley de la justicia’. Es el típico caso cuando la relación de amistad coloca en juego otras preferencias, en este caso, la justicia.
Platón (1871) sugiere, por el contrario que los verdaderos amigos buscan la episteme, la bondad y la justicia, y tienen voluntad de corregirse mutuamente; Aristóteles (2015) le sigue planteando que no implica ni inferioridad ni superioridad, sino igualdad y equidad, y no se da ni por placer ni por utilidad, sino por «por la virtud».
En Aristóteles se muestra nítidamente que la amistad tiene que ver con política y viceversa. Su sentencia «O philoi oudeis philos» se ha traducido como «Oh, amigos, no hay amigos», pero tambien «Quien tiene (muchos) amigos, ya no tiene amigos», pues solo es posible ser amigo de pocos». Pero este planteamiento se conecta con su advertencia de que la amistad florece en comunidades pequeñas y en el régimen de la democracia, en tanto que decrece en las grandes y en los regímenes tiránicos.
Friedrich Nietzsche (1986, 1933) sugiere que un amigo respeta y admira a su amigo y lo ayuda a convertirse en un mejor ser en lo moral y epistémico, pero no exige reciprocidad (Verkerk, 2017). A la sentencia de Aristóteles: «Oh amigos, no hay amigos», opone en boca de Zaratustra: «Oh enemigos, no hay enemigos». En tal sentido dinamita la idea del enemigo como cualidad intrínseca.
Si Aristóteles enfatiza la amistad y el consenso en la política, Carl Schmitt (2009) prioriza la enemistad y el conflicto, al postular que la amistad y la enemistad son categorías que marcan el máximo grado de intensidad de la unión y la separación, la asociación o disociación entre los seres humanos. Ve aquí una cuestión netamente política, entonces no hay enemigo privado a combatir, sino público.
Michel Foucault invita a entender que la amistad es «un modo de vida», que transciende las relaciones etarias, homosexuales y heterosexuales, institucionales, de poder, u de otra índole (DeCeaccaty, 2015).
Jacques Derrida (1998), comentando los planteamientos de Aristóteles, Nietzsche, Carl Smith, y Foucault, deconstruye la dicotomía amigo-enemigo, y propone el abandono del modelo fraternal de la amistad, es decir, el amigo como un hermano.
Se deduce que la amistad tiene el poder de repercutir en la pretensión de conocimiento verdadero en todos los contextos de relaciones interpersonales, y, así mismo en la conservación o sustitución de creencias, sean religiosas, políticas, o científicas (Goldberg, 2020).
Si es la amistad es idónea mitiga la soledad, el estrés, la ansiedad, al tiempo que eleva la autoestima, el autoconocimiento, la satisfacción existencial, la calidad y la esperanza de vida, en la medida (Abrams, 2023), sin embargo, la importancia, el grado de prioridad y valor que se le concede en el bienestar físico, emocional y social, depende del contexto.
Por ejemplo, en una cultura individualista, a diferencia de una colectivista, es mayor la movilidad relacional, la defensa de la libertad, y la proactividad a la hora de establecer vínculos de amistad con conocidos y desconocidos, además, las redes de amistad son más difusas, se cree que la carencia de amistad y no la familia, es causa principal de la soledad (Lu, et. al.,2021).
Empero, se debe considerar otros factores asociados a la amistad, a saber, el carácter, la inmersión cultural y estatus social de los alumnos, así como lo cotidiano familiar, comunitario, y escolar (Palacios; Berger, 2022).
Ahora bien, el ámbito escolar es un contexto relevante para la amistad, pero puede haber diferencia en la percepción de su importancia para el bienestar. Una investigación sugiere que en comparación con los adolescentes en China, en Occidente valoran mas la intimidad y la calidad de la amistad (Lu, et. al.,2021).
Existen escenarios sociales que propician en mayor o menor medida la amistad en las escuelas: el aula, el deporte, la recreación, y las redes sociales (Dalen; Seippel, 2021). En los mismos operan mecanismos sociales que favorecen la amistad:
El contacto: el encuentro propiciado por las actividades; el contagio: la exposición a recursos, emociones o conocimientos; la homofilia: la selección de las amistades, sí se percibe similitud (Boda, et., al., 2020).
Otros estudios se centran en el impacto de la amistad en el desempeño académico, y vice-versa. Se insiste en el trabajo en grupo propicia amistad, y es una estrategia eficaz que ayuda a profundizar y complementar el proceso de aprendizaje en tanto posibilita la retroalimentación cognoscitiva, reducir la procrastinación, y eleva la energía, la motivación y la responsabilidad (Shelly, 2020).
Puede suceder que estudiantes que no formen redes estratégicas con aquellos estudiantes que mejor comprenden la materia, sino con quienes forman relaciones de amistad; o que fuera de redes de amistad obtenga peores resultados en el examen, y abandonen la universidad (Ibidem).
Se ha constatado que la amistad surte efecto positivo en el rendimiento grupal para realizar tareas de mayor complejidad y calidad (Chung, et. al. 2018); que tal contexto moldea las aspiraciones y los éxito académico (McCabe, 2016); y que la colaboración y los diálogos en el círculo de amistad robustecen la habilidad de razonamiento científico, la precisión en la resolución de problemas, y el aislamiento de variables (Azmitia; Montgomery, 1993).
Dado el gran consenso y conocimientos entre educadores sobre los beneficios académicos de la amistad, lógicamente se proyectan investigaciones e iniciativas para potenciar ese impacto.
Es el caso de la implementación de protocolos de discusión de Grupos de Amigos Críticos (Critical Friends Groups) en proyectos escolares de Investigación- Acción. Es que estos grupos facilitan las discusiones entre colegas, la escucha activa, la producción de ideas, y mejorar la eficacia de la práctica docente de cada integrante (Blake; Gibson, 2020).
La enseñanza y el aprendizaje de la amistad en las escuela son posibles, por ejemplo, si el profesor familiariza a sus alumnos a lidiar con distintas perspectivas sociales y utiliza estrategias de relacionamiento, diálogo y hasta de negociación (García, et. al. 2023), digamos, actividades que contemplen además expectativas asociadas con la amistad como la reciprocidad, la confianza, la sinceridad, el respeto, la tolerancia, la compasión, y el compartir recursos y experiencias.
En fin, se trata de exponer a los escolares a situaciones escolares o extraescolares que los motiven a formar encomiables redes plausibles de amistad en apoyo al aprendizaje y la convivencia.
La amistad en la ciencia
Destacados filósofos, historiadores y sociólogos llaman la atencion que los científicos colaboran, pero rivalizan, lo cual invita a pensar en la amistad y enemistad en la ciencia como labor de principio a fin colectiva.
Por ejemplo, Ludwik Fleck (1986) apunta que en los «los colectivos de pensamiento», es decir, de científicos, contempla que hay factores internos, pero también externos, que empujan a los científicos a causa de diferendos profesionales a la polarización entre amigos y enemigos; tales «gritos de guerra» (Ibidem, p. 86). Tal situación coloca en riesgo el conocimiento.
De los escritos de Thomas Kuhn (1971) puede inferirse que, cuando en una «comunidad científica» unos se aferran al «paradigma», y otros abogan por sustituirlo, tal . rivalidad profesional puede desembocar en enemistad. Por otro lado, tras la victoria los ‘herejes’, acontece una «revolución científica», cambio radical de proceder profesional, pero también en la dinámica relacional y emocional.
Robert Merton (1997) presenta a la institución científica como una «fraternidad», pero donde acontece la «cooperación competitiva», y las disputas por la recompensa y notoriedad; hasta tal punto que «el hombre de ciencia puede convertirse en un hombre de guerra» (Ibidem, p. 87). No obstante Merton advierte esas transgresiones del «ethos científico», se deben no solo al egoísmo personal, sino también a las presiones y normas institucionales.
Ciertamente hay abundantes episodios de enemistad en la ciencia (Nakra, 2022; De Araujo, 2021):, entre Newton y Leibniz, Edward Drinker y Othniel Charles, Antoine Lavoisier y Jean Paul Marat; y entre Nikolai Ivanovich Vavílov y Trofim Lysenko, etc.
A Kuhn y otros se le reprocha de sobredimensionar el papel de la enemistad, pues parten de la premisa de que las sociedades modernas conceden poco valor a la amistad (Ramírez-i-Ollé, 2019b), y comparten la visión internalista, funcionalista y cuasi-economicista de la ciencia, que lleva a tomar al científico como unidad de análisis y a subrayar la competencia y la rivalidad en la ciencia (Knorr; Cetina, 1982).
Con todo, insinuación a la amistad hay en los escritos de tanto en Kuhn, como en Fleck y Merton, ya no solo porque ponen de relieve las relaciones entre los científicos que aunque transcienden las de índole estrictamente profesional, influyen en medida significativa Además, en los mismos por ningún lado se infiere la absolutización de la enemistad en el cambio científico, sino que puede ser causa o efecto de la rivalidad y la competencia.
Ahora bien, sobran los episodios sobre la amistad y la colaboración entre científico documentados en las epístolas de científicos, actas de instituciones académicas entre Charles Darwin y Joseph Dalton, Marx y Engels; Albert Einstein, Michele Besso y Michael Grossman, Galileo Galilei y y Benedetto Castelli; Sigmund Freud e Wilhem Fliess, etc. (Atkinson; Sosby, 2018; Nakra, 2022).
Es sabido que el cerebro de Einstein fue embalsamado con la expectativa de explicar su genialidad. Sal Restivo (2020) desafía este enfoque, planteando: «El genio de Einstein no residía en su cerebro, sino en sus amigos» (p.20) y sus logros ‘no se posan en los hombros de gigantes’, sino en esa red de amistad (Ibidem, p. 20). Einstein no fue un ‘lobo solitario’, lo cual no significa cuestionar su inteligencia, «pero sí modifica nuestra comprensión de esa singularidad» (Ibidem).
Knorr and Cetina, (1982) invita a considerar la «arena trans-epistémica» (p. 116), un contexto de compromiso y negociación, donde se establecen relaciones no puramente cognitivas como las de amistad.
Otro grupo de autores ven la amistad como «enfoque metodológico», «método científico», «modalidad de investigación cualitativa», etnográfica, con grupos focales, entrevistas y testimonios colaborativos.
En la perspectiva de Lisa M. Tillmann (2015), por ejemplo, la amistad como método, abarca las prácticas, el ritmo, los contextos y la ética de la amistad, sin dejar de recurrir a los métodos tradicionales de recopilación de datos. Consiste en acudir a procedimientos que intervienen para construir amistad: la conversación, la participación cotidiana, la compasión, la generosidad, el respeto mutuo, etc.
Este enfoque se centra en «reciprocidad colaborativa entre colegas», la mutua curiosidad, comprensión, y confianza mutua, y disposiciones. (Ramírez, 2019a, 2019b).
En esta perspectiva la amistad no se ve como factor social, externo o marginal, sino interno, técnico, y epistémico, en tanto interviene en las decisiones científicas y el ambiente emocional idóneo, espíritu colaborativo y participativo, la complicidad, la transparencia comunicativa, así acuerdos, y hasta disidencia constructiva (Mat; Shafee, 2020).
No se puede ocultar que «es complejo investigar al ritmo natural de la amistad» (Tillmann, 2015), requiere inversión de paciencia, tolerancia, empatía, y cordialidad por parte del investigador. Pero se trata ante todo de no sucumbir a la sospecha positivista de que las emociones sesgan, alteran y contaminan los resultados (Owton;Collinson, 2014).
Las múltiples experiencias de trabajo colaborativo y de investigación crítica encajan en esta perspectiva. Enseñar juntos, investigar juntos y aprender juntos, es una postura metodológica que contempla el empeño colectivo, el respecto a las experiencias individuales y los valores culturales. Este espíritu de «uno para todos y todos para uno» intercepta el énfasis en el éxito personal y la relación jerárquica, así como en la centralidad y autoridad del profesor (Siry; Zawatski, 2011, p.15).
La investigación con el «método del amigo crítico» en la investigación-acción contempla la crítica constructiva, el apoyo productivo, y la crítica constructiva y balanceada (Mat, et.al., 2020). Un protocolo de este método podría incluir las siguientes fases siguientes: la de reconocimiento donde el docente investigador y el amigo asesor crítico identifican el problema principal resolver, como mejorar su planteamiento y abordaje; la de planificación del objetivo y el plan o las directrices de la acción, saber:¿qué aspecto de la práctica se observará? ¿qué tipo de datos se desean recopilar? ¿qué método es el más adecuado? ¿cuánto tiempo durará el estudio completo?. Por ejemplo, el amigo crítico podría actuar como observador participante, sentándose al fondo del aula, y después analizar lo sucedido y emitir sugerencias (Ibidem).
La amistad como capital epistémico
Pues bien, todo lo planteado hasta aquí invita a considerar la amistad como capital epistémico en la educación y la ciencia. Pero, ¿por qué específicamente como capital?
Como es conocido, Pierre Bourdieu (2021) reflexiona sobre el acceso a capitales como factor que confiere oportunidades de éxito, y condiciona la reproducción de las desigualdades sociales, ya sea en la educación, la ciencia u otro contexto:. El «capital económico» «el capital cultural» (o simbólico), y «el capital social», red duradera de relaciones, y los recursos basados ??en esa integracion grupal, en el intercambio, y los actos por elección voluntaria o necesidad, con garantías institucionales, pero basados en sentimientos subjetivos, por ejemplo de reconocimiento, el respeto, y la amistad (p. 155).
Se deduce que la amistad se articula en calidad de capital social, pero califica como capital epistémico pues proporciona bienestar, prosperidad, y éxito cognoscitivo, es decir, en la producción, transmisión y uso del conocimiento.
El «actor-red», teoría que propone Bruno Latour (2012) es toda interacción entre humanos y no humanos objetos, animales, plantas, ideas, etc.), define, construye o ‘reensambla’ «lo social». En esta perspectiva de «la ciencia como experimentación colectiva» invita a considerar que los colegas y amigos constituyen una especie de sub-red social sin la cual el conocimiento no es posible.
Si bien Latour desafía la noción de capital en tanto remite a algo ya preestablecido y susceptible de acumulación, su teoría del actor social sugiere que aspectos como la confianza o la amistad van conformando un patrimonio o capital epistémico en constante reproducción.
Para Sheila Lintott (2015) la amistad es una virtud epistémica en la medida que expande el conocimiento, el autoconocimiento, así como la aceptación de nuevas evidencia, y la apertura a la verdad aunque resulte desagradable» (Ibidem, p.39).
Autores han desarrollado la teoría de que los individuos y organizaciones son acumulaciones de autoridad «ontológica, moral, o carismática», y, por ende un capital epistémico, con el que se consigue pericia, logros y admiración (Alasuutari, 2018; Alasuutari, et., al.,2016).
5. CONSIDERAÇÕES FINAIS
La amistad es un afecto, pero también una relación social, capaz de florecer e impactar en cualquier ámbito interpersonal, como lo es la escuela y la agrupación científica, donde como se dijo, opera como capital epistémico y como método, a disposición de los docentes y los estudiantes, los padres, y la administración escolar, y no menos en la ciencia.
Reconocer esto implica abandonar la imagen de lo epistémico y del método científico, asociada a los requerimientos profesionales y técnicos, susceptibles de control y estandarización, que posibilita manipular variales y la precisión cognoscitiva.
Claro dinámicas de la amistad que pueden afectar el éxito académico, el caso en que propicia la distracción en el estudio, o la propagación de conductas y hábitos inadecuados como las peleas, las drogas, etc., (LU, et. al. ,2021).
No se pierda de vista que hay factores escolares que inciden en la calidad de la amistad, por ejemplo, los sistemas jerárquicos de evaluación (Flashman, 2012), el énfasis en el desempeño individual, etc.
¿La rivalidad, la competencia, y la enemistad impulsan el progreso en la ciencia mas que la colaboración, la competencia y la amistad? Abordar esta pregunta demanda considerar que en el progreso científico intervienen otros factores, y de seguro, aspectos imposibles de tomarlos como variables o indicadores para medir y comparar. Pero no cabe dudas que allí donde se labora en amistad, hay mas posibilidad de enfrentar los desafíos epistémicos .
Por ultimo, resulta una pregunta pendiente: ¿es posible aplicar el método de la amistad trabajando con personas cuyo comportamiento repudiamos, por ejemplo, la investigación con delincuentes en las cárceles? En principio, eso es posible y recomendable, considerando que la amistad ofrece la oportunidad de crecimiento espiritual tanto para el investigador como para los participantes, por ejemplo, sea entrevistados, o incluso como en el caso de Jane Gooldall y su experiencia de amistad con primates.
REFERÊNCIAS
Abrams, Z. (2023). The science of why friendships keep us healthy. American Psychological Association. V. 54, N. 4. https://www.apa.org/monitor/2023/06/cover-story-science-friendship
Alasuutari, P. (2018). Authority as epistemic capital. Journal of Political Power, 11(2), 165–190. https://doi.org/10.1080/2158379X.2018.1468151.
Alasuutari, P., Rautalin, M. & Syväterä, J. (2016). Organisations as Epistemic Capital: the Case of Independent Children’s Rights Institutions. Int J Polit Cult Soc 29, 57–71 (2016). https://doi.org/10.1007/s10767-015-9205-
Aristóteles (2015). Ética a Nicómaco. Alianza Editorial, Madrid.
Atkinson, K; Sosby, M. (2018). A NASA Story of Science and Friendship. 8 de agosto. https://www.nasa.gov/feature/goddard/2018/a-nasa-story-of-science-and-friendship
Azmitia, M., Montgomery, R. (1993). Friendship, transactive dialogues, and the development of scientific reasoning. Social Development, 202-221. doi:10.1111/j.1467-9507.1993.tb00014.x
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